El miércoles por la noche en Manhattan, más de 700 personas se congregaron en Ideal Glass Studios bajo decoraciones de langostas de peluche, luces rosas y moradas, y la promesa de que la IA personal y de código abierto es el próximo gran movimiento tecnológico. Era ClawCon NYC, el evento de fans de OpenClaw —la plataforma de agentes de IA creada por Peter Steinberger en noviembre de 2025— que ya ha pasado por San Francisco y tiene fechas en Miami, Austin, Tel Aviv, Tokio, Madrid y más ciudades.

OpenClaw (antes conocida como Clawdbot y Moltbolt) se ha convertido en fenómeno de culto en la comunidad tech global principalmente por una razón: es de código abierto, en contraste directo con los servicios de agentes de IA de los grandes laboratorios como Google, OpenAI y otros. La plataforma permite a los usuarios correr sus propios agentes de IA localmente, controlar sus datos y customizar su comportamiento mediante plugins llamados 'skills'.

El evento reunió desde inversores de finanzas descentralizadas hasta investigadores de datos de e-commerce asiático, pasando por estudiantes de doctorado que construyen herramientas para laboratorios de neurociencia con apenas 10 prompts. La diversidad de casos de uso ilustra el poder de una plataforma verdaderamente abierta.

Pero el entusiasmo no oculta los problemas reales: OpenClaw tiene serias debilidades de seguridad. Investigaciones independientes encontraron que aproximadamente el 15% del repositorio de skills contiene 'instrucciones maliciosas' para acceder a datos o credenciales de usuarios sin autorización. Uno de los skills más descargados contenía malware que robaba información. El mantra que emergió en el escenario del evento fue revelador: 'Confía menos, verifica más'.

Para la comunidad tech latinoamericana, OpenClaw es especialmente relevante: la posibilidad de correr agentes de IA localmente, sin depender de APIs cloud costosas ni de empresas extranjeras que pueden cambiar sus términos unilateralmente, tiene un atractivo obvio en economías donde el acceso a crédito internacional para pagar suscripciones en dólares es una barrera real.